viernes, 27 de octubre de 2017

¿Cometa extrasolar?

Cuando comenzamos a estudiar astronomía y a enseñarla, una suposición razonable sobre el origen de los comentas, es que son objetos estrictamente pertenecientes al Sistema Solar.
Cuando comenzamos a enterarnos mejor sobre la naturaleza física de los cometas, el hielo, el polvo, el gas y la existencia de regiones desde donde pueden provenir originalmente, como la Banda de Kuiper, y la Nube de Oort, reafirmamos esta exclusiva pertenencia de los cometas que observamos, al Sistema Solar, al menos yo lo hice.

La Banda de Kuiper es una especie de disco (“gordito, como una dona aplastada”), más o menos coincidente con el plano de los planetas del sistema, que se extiende más allá de Neptuno y hasta unas 55 unidades astronómicas del Sol.
Consideramos que en ella hay posiblemente millones de cuerpos helados, “sobrantes” de la formación del Sistema Solar interno.
Plutón y algunos de los otros planetas enanos reconocidos hasta ahora (Eris, Haumea, Makemake, etc.), están en la Banda de Kuiper, y desde luego miles de núcleos de cometas, que eventualmente podrían recibir un impulso para viajar hacia el interior del sistema. Esto es, hacia el Sol, que es el centro de atracción gravitatoria del sistema.
Podemos observarlos con telescopios apropiados, cuando su trayectoria los traiga “cerca” de la Tierra, quizás desde cuando estén a la distancia de la órbita de Marte.


El paso siguiente seguro es generalizar esta situación y considerar que todas las estrellas, al menos las que comparten una formación similar al Sol, tienen una Banda de Kuiper donde residen sus posibles planetas enanos y futuros cometas, propios de esa estrella.

Es lógico pensar que la fuerza gravitatoria de la estrella mantiene esos objetos ligados a ella, aunque no tan fuertemente como lo hace con los planetas cercanos, puesto que, como sabemos su intensidad disminuye con el inverso cuadrado de la distancia (https://en.wikipedia.org/wiki/Newton%27s_law_of_universal_gravitation).
El resultado de esta línea de pensamiento es suponer que; cualquier cometa que observamos es un objeto que desde su origen perteneció de alguna manera al Sistema Solar, entendiendo su límite hasta donde inicia la región interestelar (“espacio internacional”) y comienza a tener relevancia la gravedad de una estrella vecina.

La Nube de Oort (https://es.wikipedia.org/wiki/Nube_de_Oort) es una supuesta burbuja (¡con simetría esférica!), que realmente determina la difusa frontera de los cuerpos ligados gravitacionalmente al Sol (a una estrella en general).
Es lógico pensar que allí se encuentra una gran variedad de objetos que "pertenecen" al Sistema Solar y desde luego los
núcleos cometarios más distantes, ligados a esta estrella.

En un altísimo porcentaje, quizás mayor del 99%, todos los cometas que vemos tuvieron su origen en materiales de la nebulosa solar(https://en.wikipedia.org/wiki/Nebular_hypothesis) que hace unos 4500 millones de años formó al Sol, los planetas (regulares y enanos), asteroides, cometas y meteoroides, que permanecen ligados a la estrella, y que su mayor posibilidad de migración y evolución sea hacia el centro del sistema.

Bueno pues, parece que ese 1% (o menos), está a punto de confirmarse: “Existe la remota posibilidad de que un cometa que observamos en la Tierra, lo veamos cuando hace su primera incursión al interior del Sistema Solar; proveniente del espacio interestelar, formado en el equivalente a la Nube de Oort o en la Banda de Kuiper de esa estrella vecina”.

O quizás las nuevas investigaciones más bien asocian su origen distante a ninguna de las estrellas más cercana, pero si desde luego a la Vía Láctea

(
Kinematics of the Interstellar Vagabond A/2017 U1).
Tomado de Sky & Telescope
Por sus características físicas y orbitales, el Cometa C/2017 U1,el Cometa 96P/Machholz, a pesar de que este último no hace su primer viaje al interior del sistema, podrían ser extrasolares.

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